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Historia

1888

Por un registro sobre un pago de impuestos, archivado en el Archivo Comarcal del Garraf, sabemos que L'Espiga d'Or fue fundada en 1888, en las estrechas callejuelas del casco antiguo de Vilanova y la Geltrú. El obrador también era conocido por el nombre de su propietaria, mi tatarabuela Genoveva, una mujer con carácter y fuerte personalidad, de la que aún guardamos las libretas de encargos y notas pendientes, de principios del siglo pasado. Hay que decir que la tradición panadera familiar se remonta más generaciones atrás, pues Genoveva y su marido José aprendieron el oficio de sus padres, pero por desgracia no tenemos constancia escrita.

1929

En aquellos tiempos, con la Exposición Universal de Barcelona como gran acontecimiento social y económico del momento, la panadería era un oficio fundamental para la sociedad, pero al mismo tiempo muy pesado y esclavo. El relevo generacional llegó de la mano de Toneta y Joan, mis bisabuelos. Ellos sufrieron, de igual manera que mis queridos abuelos Alberta y Joan, de los que todavía guardo algún recuerdo sentados los viejos taburetes de la antigua tienda, periodos extremadamente convulsos, con guerras civiles, dictaduras, y sobre todo, mucha, mucha penuria. No obstante, con la escasez de alimentos y de harinas, en la antigua casa del C/ Comerç 17, seguía siendo protagonista, noche tras noche, la acentral comunión del agua, la harina y el fuego.

80’S

Mis padres, Jordi y Rosa, en los años 80 y 90, en pleno crecimiento de la gran industria del pan congelado, se hicieron fuertes manteniéndose en la calidad y renunciando a la cantidad por la cantidad. L'Espiga d'Or se consolidaba como referencia del oficio más puramente artesano en todo el territorio. Para llegar a la creciente población de Vilanova, mis padres abrieron 4 tiendas más en la ciudad, de entre las que destacamos el antiguo horno de la Pl. Soler y Gustems 10, que más adelante se transformaría en epicentro de nuestro trabajo artesano, después de restaurar el antiguo horno de leña de la guerra civil.

XXI

Para definir la visión que tenemos de la panadería Anna, mi pareja, y yo, podemos decir que la entendemos como una panadería moderna asentada sobre los cimientos del oficio más ancestral. Hoy nos abrimos a harinas y panes de todo el mundo, a procesos que nuestros abuelos ni conocían, pero que los antiguos panaderos de otros países utilizaban hace siglos. Estamos inventando muy poco, pero estamos redescubriendo a pasos agigantados. Eso sí, seguimos amando este oficio con las mismas herramientas que mi padre, o mi tatarabuelo: la cabeza, las manos, el corazón, y el fuego.